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Señor/a empresario/a, no tire más su dinero, energías y esperanzas apostando por Xóchitl Gálvez, pues lo más seguro es que no va a ganar. Lo mismo hay que decírselo a quienes conforman la élite política e intelectual de México. Se ha cumplido el primer mes y su campaña, en realidad, no levanta. Un tercio del proceso electoral y las encuestas de encuestas siguen dando, en promedio, una ventaja de alrededor de 26 o 27 puntos porcentuales a Claudia Sheinbaum.
Y esto por más que las mesas de análisis en los medios de comunicación e información pretendan brindarle respiración artificial a la abanderada de Fuerza y Corazón por México. Porque tales panelistas no son, se hacen. Los de Hasta Arriba y Afuera, los que de veras manejan la economía y la sociedad en nuestro país, saben perfectamente que ninguna oposición tiene en estas elecciones posibilidad real de ganar la Presidencia de la República, pues compiten, ni más ni menos, que contra López Obrador, quien, como le acusara en una carta pública Dante Delgado, ha creado a una oposición a imagen y semejanza de su conveniencia. Es decir, una oposición a modo: completamente mediocre, incapaz de deshacerse de los múltiples lastres de su pasado y de conectar con la mayoría de los mexicanos, que pertenecen a las clases baja y media baja.
Las encuestas son, pues, demoledoras y algunos de sus artífices rara vez se equivocan, máxime tratándose de las dos grandes concentradoras de tal información: Polls.Mx y Oraculus. ¿Y no se equivocan aún con los rubros donde AMLO queda tanto a deber como el aspecto de la seguridad? Pues, para empezar, la inseguridad pública no es igual de palpable en todo el país y lo que más pesa siempre es la percepción -que no la realidad- de que se te ayuda en serio con un dinero que, aunque tampoco te hace llegar a final de quincena o de mes, te aliviana, aunque sea un poco, la muy pesada carga. Exacto: las becas, las pensiones, los apoyos de los programas sociales, masivamente entregados y, sobre todo, muy cacareados, van marcando la diferencia cada vez más palpable entre Claudia y Xóchitl. Ya lo había vaticinado el periodista Pedro Miguel, minutos después del conocimiento de los resultados de la elección de 2018: Este sexenio sería de magros resultados, pero con una gran narrativa. La inicial frase de "Por el bien de todos, primero los pobres" vaya que tenía su clara razón de ser. Y en gran medida, aunque fuese esencialmente publicitaria, tal frase está explicando la gran diferencia entre las coaliciones Fuerza y Corazón por México y la de Sigamos Haciendo Historia.
¿Y si no va a ganar Xóchitl ahora sí iremos a parar al Comunismo o a ser como Venezuela? Para nada; seriedad, por favor. Nunca ha sido la intención de López Obrador, quien sólo ha practicado una forma del Capitalismo muy ligeramente distinta que sus antecesores, confirmando el hecho de que nunca fue realmente opositor al sistema, sino más bien opositor dentro del sistema. Porque su neokeynesianismo no hace una diferencia notable. De hecho, este último modelo es el que más se sigue en el supuesto país adalid del libremercado: los Estados Unidos, por más que con su famoso Consenso de Washington haya prescrito el Neoliberalismo -como siempre, desde su origen como Imperio Británico, a las potencias de la Anglósfera les encanta practicar la hipocresía.
¿Que si cómo se garantiza lo anterior? Hay muchas maneras, pero en este artículo sólo mencionaré una y que tiene qué ver con las billeteras y la geopolítica detrás de Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum -recordando que la verdadera política es la geopolítica, siendo lo nacional, por tanto, sólo mera gestión administrativa. Para decirlo rápido y bien.
Ambas, Claudia y Xóchitl, traen detrás de sí, al final de cuentas, a los dos grupos de poder real en el ámbito del Capitalismo Anglobalizador: Todo indica que la Gálvez se halla básicamente dentro del saco geoestratégico de políticos como Trump y Bolsonaro, favoritos de la familia Rothschild y sus adláteres o compinches (los Morgan, los Rockefeller, los Dupont, etc.) y que se vincula en gran medida a los fondos de inversión de BlackRock y Vanguard, así como al Partido Republicano de los Estados Unidos; mientras que la Sheinbaum, tendría detrás fundamentalmente a George Soros y a toda la política Woke que tanto impulsa éste: ambientalismo, feminismo radical o hembrismo, animalismo, agenda LGTB+ a ultranza, etc….vinculada, al fin de cuentas, al llamado "progresismo" del Partido Demócrata estadounidense.
Cabe señalar que, por ejemplo, tanto los Rothschild y sus aliados como Soros satanizan a China -para ellos su verdadero enemigo- y ambos son miembros de la comunidad judía (de hecho, Sheinbaum, es un apellido judío). Y no nos extrañe que en el fondo estos dos supuestos grupos antagónicos sean uno solo, pues es la naturaleza monopólica del Capitalismo, junto con su prédica de todo lo contrario: libre competencia y libre mercado asequibles a cualquiera.
¿Entonces? No hay nada qué temer. Sus inversiones, del tipo que sean, no corren peligro. Más que nada si usted no está tan cerca de la Altísima Jerarquía. Quizá sólo sea cuestión de que ajuste sus iniciativas por el sendero del arcoíris, la economía verde, el morado o rosa femenino y los animalitos, para seguir garantizando la satisfacción de sus intereses.
Porque el verdadero problema no es si perderemos oportunidad como país si continúa la 4T como fuerza política nacional dominante, sino si toda nuestra actual idea e implementación de la democracia y sus flamantes partidos (todos) son la solución efectiva contra nuestros (aún) más hondos problemas: la pobreza (que sigue igual o peor), la desigualdad, la violencia, la degradación social y moral, la subordinación a las fuerzas extranjeras (sobre todo a los Estados Unidos y sus corporativos) y, a final de cuentas, como suma, corolario y causa nodal de todo lo anterior, la ausencia de un rumbo claro y seguro como sociedad, país, Estado y, por qué no decirlo, como civilización.
Martín Enrique Mendívil Cortés.
